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astelehena, 21 azaroak 2022 10:51
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El uso de psicofármacos en salud mental
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes , Salud Mental , Documentación
Etiquetas: salud mental , trastorno mental grave (tmg) , búsqueda bibliográfica , medicación , gestión del conocimiento , divulgación , adherencia al tratamiento , servicio de referencia
BÚSQUEDAS BIBLIOGRÁFICAS RESUELTAS | SERVICIO DE REFERENCIA Autora: Paloma Goizueta Pourthe. Psicóloga e investigadora en el área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Consulta bibliográfica resuelta El Centro de Referencia Estatal de Atención Psicosocial a Personas con Trastorno Mental Grave (Creap), dependiente del Imserso, publica una nueva búsqueda bibliográfica sobre Uso de psicofármacos en salud mental, tendencias emergentes y personalización del tratamiento A pesar de los avances en el abordaje de los problemas de salud mental, una parte importante de las personas con trastornos mentales graves sigue presentando muchos efectos adversos relacionados con los tratamientos farmacológicos. Esta realidad ha impulsado el desarrollo de distintas líneas de investigación que buscan encontrar medicamentos más eficaces a la vez que desarrollar estrategias de tratamiento más eficientes y personalizadas. En esta nueva revisión bibliográfica resuelta por el Servicio de Referencia del Creap repasamos algunos de estos avances. La cuestión de la «polifarmacia» Hablamos de polifarmacia cuando una persona toma varios psicofármacos al mismo tiempo para el alivio de sus síntomas. Según Shekho y colaboradores (2024), esta estrategia es muy efectiva para el abordaje de síntomas complejos. Sin embargo, también tiene un coste: produce más efectos secundarios y hace más dificultad ajustar el tratamiento con el paso del tiempo. En el caso específico de los medicamentos antipsicóticos, Köhler-Forsberg y su equipo (2024) analizaron si es posible reducir la polifarmacia hacia la monoterapia sin empeorar los resultados. Sus datos sugieren que, en algunos casos, esta transición no conlleva una una pérdida clara de eficacia. Sin embargo, los autores prefieren ser prudentes: la calidad de la evidencia es limitada y conviene revisar cada caso de manera individual. Este debate se vuelve especialmente importante si tenemos en cuenta los riesgos asociados a la retirada de los psicofármacos. Cosci y Chouinard (2020) muestran como distintos tipos de psicofármacos pueden generar síndromes de retirada (algunos de ellos persistentes) lo que obliga a extremar la cautela tanto al iniciar como al discontinuar este tipo de tratamientos tan complejos. Psiquiatría de precisión: hacia la personalización del tratamiento Frente a estas limitaciones, cada vez cobra más peso la idea de que los tratamientos deben adaptarse mejor a cada persona y no al revés. En este contexto, la farmacogenética aparece como una posible aliada, ya que permite entender por qué no todas las personas responden igual a antidepresivos y antipsicóticos, y cómo pequeños cambios genéticos pueden influir en esa respuesta (van Westrhenen y Young, 2025). Esta mirada más individualizada forma parte de lo que se conoce como psiquiatría de precisión, un enfoque que propone utilizar información clínica y biológica para orientar mejor las decisiones terapéuticas. Según señalan Češková y Šilhán (2021), herramientas como los biomarcadores o el análisis de grandes conjuntos de datos podrían ayudarnos a adaptar mejor el tratamiento prediciendo la evolución clínica. Sin embargo, se trata de un enfoque todavía en desarrollo, y hará falta más investigación antes de su implantación generalizada. Para una revisión más detallada de la literatura, pueden consultar la última consulta bibliográfica resuelta por el Servicio de Referencia del Creap. Contenido relacionado Servicio de Referencia del Creap. Otras consultas de información resueltas. Formulario de solicitud de consulta bibliográfica para el Servicio de Referencia del Creap. Informes de evidencias de 2025 del Creap. Newsletters de 2025 del Creap.
asteazkena, 07 urtarrilak 2026 08:49
Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida II
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: salud mental , trastorno mental grave (tmg) , medicación , bienestar
CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. En la anterior parte del artículo (enlace) hablamos de qué es el sobrediagnóstico, sus causas y consecuencias. En esta otra parte nos centraremos que podemos hacer para prevenirlo y afrontarlo. ¿Qué podemos hacer? Alternativas para un abordaje más justo y eficaz Ajustar el diagnóstico a la realidad. Urge formar mejor a los profesionales, dotarlos de herramientas clínicas rigurosas y promover una evaluación que tenga en cuenta no solo los síntomas, sino el contexto y el impacto funcional real en la vida de la persona. Frente a categorías cerradas, hay que recuperar el sentido clínico y la visión integral. A veces, simplemente escuchar mejor puede evitar un diagnóstico apresurado. Intervenir sin medicalizar. Para los casos donde los síntomas son leves o situacionales, conviene valorar estrategias como la observación activa, el acompañamiento psicológico o las intervenciones comunitarias. Terapias como la cognitivo-conductual, el mindfulness, el deporte o los grupos de apoyo pueden marcar una diferencia sustancial sin necesidad de fármacos. Muchos de estos recursos funcionan especialmente bien cuando se integran desde la atención primaria, que debería ser un punto clave en cualquier estrategia de salud mental. Formar e informar. Mejorar la cultura en salud mental de la población es una de las claves. Hay que enseñar —en serio— a distinguir entre malestar y patología, y a buscar ayuda adecuada sin caer en el diagnóstico como única salida. También es necesario fomentar decisiones compartidas en consulta, donde la persona diagnosticada no sea un receptor pasivo, sino un actor informado y activo. Reformar desde la raíz. No podemos hablar de salud mental sin hablar de vivienda, trabajo, relaciones sociales o precariedad. Los determinantes sociales del malestar están ahí, y cualquier política pública que los ignore está condenada a parchear en lugar de transformar. También es urgente regular mejor la relación entre profesionales e industria farmacéutica, velando por una práctica ética y basada en el beneficio real de la persona diagnosticada. Por último, necesitamos más y mejor investigación: estudios que afinen los criterios diagnósticos, biomarcadores que nos saquen del terreno ambiguo, y evaluaciones serias sobre qué intervenciones funcionan… y cuáles no. Tecnología al servicio de las personas. Las herramientas digitales, bien diseñadas, pueden acercar servicios, facilitar seguimientos, y dar respuestas ágiles especialmente en zonas donde la atención presencial es limitada. Pero deben ser eso: herramientas, no atajos. Conclusión: Diagnosticar Menos, Acompañar Mejor El sobrediagnóstico revela una paradoja difícil de resolver: queremos que se hable más de salud mental, pero corremos el riesgo de que se convierta en un cajón de sastre donde todo cabe. No se trata de negar el sufrimiento, sino de aprender a leerlo con más matices. La solución no está en eliminar diagnósticos, sino en usarlos con rigor, sensibilidad y sentido. En mirar más allá de los síntomas, en apostar por tratamientos que pongan a la persona en el centro y en construir sistemas de salud mental que no solo respondan, sino que comprendan. En definitiva, se trata de devolverle al sufrimiento su dignidad, sin reducirlo a etiquetas, y de confiar en la capacidad de las personas para sanar, reconstruirse y, sobre todo, vivir con sentido. Contenido relacionado Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida.
astelehena, 19 maiatzak 2025 08:32
Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: salud mental , trastorno mental grave (tmg) , medicación , bienestar
CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. ¿Estamos psicopatologizando la vida? Cada vez es más común que personas adultas reciban un diagnóstico de trastorno mental sin que exista una clara justificación clínica. Hablamos de casos en los que lo que debería considerarse una reacción comprensible ante el estrés o el sufrimiento cotidiano termina convertido en una etiqueta diagnóstica. Esta tendencia —conocida como sobrediagnóstico— tiene implicaciones profundas y no siempre inocuas. Se calcula que cientos de millones de personas en todo el mundo viven con algún diagnóstico de salud mental. Y en ciertos países, uno de cada cinco adultos cumple criterios para ser diagnosticado anualmente. Pero detrás de estas cifras impactantes, hay matices que conviene explorar. Porque no toda tristeza es depresión, ni toda inquietud, un trastorno de ansiedad. El problema aparece cuando, en vez de acompañar, interpretamos malestar como enfermedad, con lo que eso conlleva en términos personales y sociales. Las diferencias en cómo los países abordan la salud mental también son reveladoras: mientras algunos dedican una parte significativa de su presupuesto sanitario a este ámbito, otros apenas rascan la superficie. El resultado es un panorama desigual, con intervenciones dispares y efectos contradictorios. ¿Por qué diagnosticamos de más? Se puede afirmar con rotundidad que no hay una sola causa, sino un entramado de razones que se retroalimentan. Clínica y sistema sanitario. La progresiva ampliación de los manuales diagnósticos ha terminado por diluir los límites entre lo patológico y lo normal. Ejemplos sobran: lo que antes se consideraba una tristeza profunda ante una pérdida, hoy puede etiquetarse como depresión mayor. Además, el modelo biomédico dominante favorece soluciones rápidas, a menudo farmacológicas, dejando de lado el contexto vital y emocional de cada persona. En la práctica diaria, la falta de tiempo, de herramientas adecuadas o de formación específica —sobre todo en atención primaria— puede llevar a diagnósticos precipitados. Y si a esto sumamos la tendencia a "pecar por exceso" para no dejar escapar un posible caso, se entiende por qué tantos diagnósticos resultan innecesarios o incluso contraproducentes. Cultura y sociedad. Vivimos en una época donde el lenguaje psicológico se ha democratizado… pero también trivializado. Sentirse mal es legítimo, claro está, pero eso no significa que siempre haya que ponerle nombre clínico. Muchas veces buscamos en un diagnóstico una forma de validación, de entender lo que nos pasa, sin cuestionar si es realmente la vía más adecuada para sanar. Esta búsqueda, aunque comprensible, alimenta un círculo vicioso entre la demanda de diagnósticos y su oferta desmedida. Intereses económicos. Aquí también entra en juego la influencia de la industria farmacéutica, que no es menor. La promoción de fármacos, a través de campañas sutiles o directas, contribuye a extender diagnósticos a poblaciones cada vez más amplias. En ocasiones, lo que necesita contención o escucha termina siendo medicado, a menudo sin necesidad real. Efectos del sobrediagnóstico: más allá del papel No se trata solo de una cuestión teórica. Las consecuencias son muy concretas y, en muchos casos, dañinas. En la vida de las personas. Recibir un diagnóstico erróneo o innecesario puede derivar en tratamientos farmacológicos que implican efectos secundarios, dependencia o una falsa sensación de invalidez. Las etiquetas también pesan: afectan cómo uno se ve, cómo lo ven los demás y qué decisiones toma. Pueden restringir oportunidades laborales, sociales o vitales, generando una sensación de fragilidad aprendida. Y hay otro efecto silencioso pero poderoso: la idea de que necesitamos siempre un sistema que nos sostenga, incluso cuando tal vez podríamos salir adelante con apoyo emocional, tiempo o recursos comunitarios adecuados. En el sistema de salud. Los recursos no son infinitos. Cada diagnóstico innecesario desvía tiempo, atención y dinero que podrían destinarse a quienes realmente lo necesitan. El resultado: listas de espera más largas, profesionales saturados, tratamientos menos personalizados. En otras palabras, se diluye la calidad del sistema.
asteartea, 13 maiatzak 2025 08:32
La precisión del metro de mi intervención
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: salud mental , investigación , gestión del conocimiento , rehabilitación psicosocial , divulgación
REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Alfonso Barros Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. María Ángeles Ruipérez Rodríguez. Creadora del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I. Actualmente jubilada. Agustín Martínez Molina. Coordinador General de Estudios del Imserso. La precisión del metro de mi intervención La fiabilidad más frecuentemente comentada es la fiabilidad test-retest y la consistencia interna. De tal manera que la fiabilidad test-retest se puede relacionar más con la precisión de la medida, mientras que la consistencia interna se relaciona más con el grado en que los ítems de esa medida (escala, cuestionario, autoinforme) miden lo mismo, sea lo que sea. Hay que tener en cuenta que digo “sea lo que sea” porque la fiabilidad no es la validez. La validez nos dirá qué es ese “sea lo que sea”. Ahora imaginemos que en nuestro recurso aplicamos el WHODAS 2.0, y queremos saber si la forma en que aplicamos el instrumento es fiable para nuestro recurso. Aunque es un instrumento ampliamente utilizado, puede que la aplicación en nuestro dispositivo no sea fiable. Hoy en día es cada vez más aceptado que la fiabilidad y validez de una prueba psicométrica es dependiente de la muestra sobre la que se aplica. Imaginemos que tenemos los datos de 10 personas con características similares o que conforman un grupo de interés en nuestro dispositivo. Nos disponemos a calcular la fiabilidad como consistencia interna. A continuación, mostraremos tres tablas con las puntuaciones de tres grupos de personas diferentes. La primera tabla (Tabla 1) sería el resultado de la respuesta a cada uno de los 12 ítems del WHODAS (Q1, Q2, Q3, ...) por parte de cada uno de los participantes (P1, P2, P3,...): (Pie de tabla) Si queremos acceder a estos datos de ejemplo contactar (barros@uji.es) o también se puede copiar la tabla y pasarla a un archivo de texto plano que se puede abrir fácilmente en JAMOVI. Si consideramos que los 12 ítems completados por el entrevistado en el WHODAS pertenecen a la misma dimensión de Discapacidad, podemos calcular la consistencia interna de estos ítems, y veremos que es muy alta, con un valor de 0.975. La forma de hacerlo en JAMOVI es muy sencilla. Simplemente abrimos los datos, y en el menú Análisis, seleccionamos el icono Factor y allí Análisis de Fiabilidad. En la columna de la izquierda tenemos el listado de los ítems. Si copiamos todos los ítems del primer cuadrado de la izquierda (del ítem Test_Q1 al Test_Q12) y lo pegamos a la derecha, JAMOVI nos ofrece una estimación de la consistencia interna según el alfa de Cronbach de forma automática. Ahora, vamos a ver datos similares (Tabla 2) para otra muestra de 10 participantes que responden los 12 ítems del WHODAS 2.0 para el autoinforme del entrevistado. TABLA 2: Datos de ejemplos con un fiabilidad imposible para el autoinforme del entrevistado en WHODAS 2.0 Si repetimos la estimación de la fiabilidad con el Alfa de Cronbach como en los datos anteriores veremos que obtenemos un valor de -0.46. Un valor entre 0.4 y 0.6 se consideraría una baja fiabilidad. Un valor de fiabilidad NEGATIVO no se puede interpretar. La escala tiene graves problemas. Los ítems de la escala se correlacionan negativamente con la puntuación global de cada persona y/o la variabilidad es muy baja. CUIDADO: si obtenemos correlaciones negativas entre los ítems de nuestras escalas que no sea porque no hemos transformado bien las puntuaciones para los ítems inversos. En este tercer ejemplo (Tabla 3), tenemos datos de otros participantes sobre los que podemos estimar la fiabilidad como consistencia interna. TABLA 3: Datos de ejemplos con una fiabilidad baja para el autoinforme del entrevistado en WHODAS 2.0 El resultado de la estimación del Alfa de Cronbach en JAMOVI es de 0.384. Esto significa que todos los ítems no miden lo mismo. De hecho, si miramos la respuesta de JAMOVI, nos dice que el ítem Q3 y Q6 se correlacionan negativamente con la puntuación global en la escala. Seguramente nos hemos equivocado al trasladar las puntuaciones de uno de estos ítems o el instrumento no funciona bien en nuestro grupo, o el conjunto de preguntas de la escala no mide nada “real”. El valor de fiabilidad lo podemos interpretar como el porcentaje de la medida que se puede atribuir a la medida real. No es lo mismo decir que el 97% de la medida de nuestro instrumento de medida es real, a decir que sólo el 38% el real. Sobre todo, porque lo que no es atribuible a la medida real es el error. Las razones por las que el instrumento puede no ser fiable son variadas. Una muestra pequeña es motivo para una baja fiabilidad, pero, en cualquier caso, la fiabilidad debe ser adecuada para nuestra muestra. Dicho de otra manera, sí, tener pocos datos puede ser la razón, pero deberemos asegurarnos de que esa sea la razón. Decir que es por el tamaño de la muestra y seguir aplicando la medida, es esconder la cabeza como haría el avestruz. Y será nuestra responsabilidad saber por qué. La responsabilidad no es de los datos. La responsabilidad es nuestra para saber si estamos perdiendo el tiempo pasando esa prueba o no, si está sirviendo a nuestro dispositivo o no. Contenido relacionado Un metro no es un metro, ¿y la calidad de vida sí? De la experiencia psicosocial a la realidad psicosocial Un guión para describir cualquier intervención en rehabilitación psicosocial
ostirala, 09 maiatzak 2025 09:26
Un metro no es un metro, ¿y la calidad de vida sí?
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes , Información
Etiquetas: salud mental , enfermedad mental , divulgación , servicio de referencia
Autores: Alfonso Barros Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. María Ángeles Ruipérez Rodríguez. Creadora del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I. Actualmente jubilada. Agustín Martínez Molina. Coordinador de Estudios y Apoyo Técnico del Imserso. La intervención psicosocial requiere de una adecuada evaluación. No tener en cuenta la precisión de nuestra evaluación es cómo no preocuparnos por la precisión de un metro para medir la longitud. Podríamos pensar que una medida como la calidad de vida y la temperatura corporal son inherentemente diferentes. La sorpresa vino tras la lectura interesada de algunas partes de un libro de metrología: ciencia que estudia las medidas. En ese libro se describe cómo había variado la definición del metro. ¿Cómo que había cambiado la definición de "metro”? ¿De la misma forma que un constructo psicológico como la calidad de vida cambia en su definición? ¿Cómo que había cambiado lo que es un metro? Un metro es un metro. Al seguir con la lectura, descubrimos que inicialmente un metro se definía como la diezmillonésima parte de la distancia del meridiano desde el polo norte al ecuador pasando por París. Sin embargo, en la actualidad, el metro se define partiendo de la velocidad de la luz en el vacío. Aquí dejamos esto para quien le guste curiosear. Entonces, la definición del metro sorprende que haya cambiado con el tiempo. Sin embargo, lo que más sorprende es que “el error de medida” dependía de su definición. La precisión de una medida física dependía de cómo se definía y, en consecuencia, también afectaba a su fiabilidad. El error de medida del metro era del 0.02%, cuando se definía según la tierra, mientras que el error de medida era de 10E-9%, cuando se definía según la luz. En ceros, pasamos de un error de 0.02 cm a un error de 0.000000001 cm por metro. ¡Sorprendente! Algo que se consideraba preciso, infalible, como el metro ¡no lo era! Es decir, si medimos algo con un metro tenemos ‘un margen de error’. Error que, obviamente, no le preocupaba al dueño de la mercería del barrio, atendiendo a la velocidad con la que medía los metros de cinta de colores que encargábamos para actividades de rehabilitación en aquella época. Somos psicólogos y eso nos lleva a pensar que las medidas de determinados constructos psicológicos están sometidas a distintos errores, pero hay una parte de la medida que es real. Por lo tanto, ‘la medida es real, pero hay que añadirle una parte de error’. Entonces, no todo es una ocurrencia o una casualidad, sino que cuando se administra una escala existe ‘una medida real’. A la vista de lo anterior, hoy, todavía, nos sorprende cuando el alumnado se propone medir un constructo psicológico (por ejemplo, una variable de intervención) y nos presenta preguntas directas que se ha inventado para que el usuario responda, o nos plantea la necesidad de crear una escala. Y entonces preguntamos: ¿”No hay test o escalas publicadas para evaluar este constructo”? o ¿”es más sencillo crear y validar una escala que buscar durante media hora en internet una prueba que sea válida y fiable para medir un constructo, como mi variable de interés o el efecto de mi intervención"? A la luz de lo expuesto hasta aquí, resulta ser infinitamente peor preguntar con mis propias palabras, salvo por un interés fenomenológico, pero no cambiemos de tema. La lectura del libro «Measuring minds: Conceptual issues in contemporary psychometrics» de Dennys Borsboom termina aclarando las distintas concepciones en las medidas psicológicas. Entre una de estas concepciones teóricas había una que hablaba de la medida real y del error, que se conjugaba directamente con la historia en la precisión de la definición del metro. En toda medida psicológica podemos decir que tenemos una porción real de autoestima, inteligencia, calidad de vida, autonomía, sociabilidad… y un error. La buena noticia aquí es que el error o como nosotros le llamamos, “el error bueno”, es aleatorio, lo que hace que, al promediarlo a lo largo de varias preguntas o muchas personas, tiende a ser 0. La bondad del error aleatorio es que, si yo tomo muchas medidas de un constructo psicológico, al promediarlas, la parte del error tiende a ser 0 y la parte de la “medida real” tiende a ser “la realidad”. Por poner un ejemplo, si medimos la ansiedad en un cuestionario, el error de la medida que se pueda atribuir a las circunstancias personales de ese día para la persona, al clima, o a la comprensión de cada pregunta puede afectar la puntuación del cuestionario. Pero si esas circunstancias cambian de ítem a ítem, persona a persona, con la suma, del que más por el que menos, del que tenga buen día por el que tenga mal día; del día que llueve por el que hace viento; del que había oído hablar de la ansiedad como del que la escucha por primera vez… El ítem que tenga la puntuación más alta, por el otro que tenga la puntuación más baja. Lo importante. La suma de las puntuaciones debidas a la ansiedad en el conjunto de ítems de la escala será una propiedad real para esa persona y el efecto del estado personal, el clima o la comprensión será aleatorio. La estadística nos permite identificar lo que cambia de ítem a ítem, de persona a persona, como error aleatorio, como casual. Si una medida es muy sensible a esos cambios, no es fiable. Ante esta situación los alumnos se abruman y se plantean: “Y yo que creía que esa escala servía para algo, ¿no nos dicen que tenemos que medir?”. Así es, hay que medir, pero para ello hay que saber que la precisión de un instrumento psicológico para obtener una medición real se relaciona con la fiabilidad y sus distintas facetas.
asteartea, 11 martxoak 2025 10:07
Pioneras en el estudio e investigación en salud mental: legados que transformaron la mirada científica y social
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes , Salud Mental
Etiquetas: salud mental , enfermedad mental , divulgación , historia , perspectiva de género
Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. La historia de la salud mental ha sido escrita, durante siglos, bajo un sesgo androcéntrico que invisibilizó sistemáticamente las contribuciones de las mujeres. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, una generación de pioneras desafió estereotipos, superó barreras institucionales y sentó las bases de enfoques innovadores en psicología, psiquiatría y salud comunitaria. En el contexto del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, desde el Creap del Imserso en Valencia pensamos que rescatar sus legados no solo es un acto de justicia histórica, sino una oportunidad para reflexionar sobre cómo sus luchas siguen resonando en los desafíos actuales de equidad y atención integral. Los cimientos del siglo XIX: las primeras psicólogas y su lucha por el reconocimiento académico El surgimiento de la psicología como disciplina científica en el siglo XIX coincidió con los primeros movimientos feministas que reclamaban acceso a la educación superior. En Estados Unidos, universidades como Harvard y Columbia abrieron sus puertas a mujeres de manera marginal, aunque con restricciones. En este contexto, figuras como Milicent Washburn Shinn (1858-1940) emergieron como referentes. Shinn, una de las primeras doctorandas en psicología, centró sus investigaciones en el desarrollo infantil, un campo entonces dominado por teorías que minimizaban el rol de las mujeres en la crianza. Su trabajo metodológico, basado en observaciones sistemáticas de bebés, desafiaba las nociones biologicistas predominantes y sentó precedentes para la psicología evolutiva moderna. Paralelamente, Helen Bradford Thompson (1874-1947) cuestionó los supuestos científicos que utilizaban diferencias anatómicas para justificar la inferioridad intelectual femenina. En su tesis doctoral de 1903, demostró que las variaciones cognitivas entre hombres y mujeres eran producto de la socialización, no de la biología. Este hallazgo, revolucionario para su época, fue ignorado durante décadas por una comunidad científica que priorizaba narrativas misóginas. En Hispanoamérica, aunque la institucionalización de la psicología llegaría más tarde, el Hospital San Hipólito en México (fundado en 1567) y el Manicomio General La Castañeda (1910) fueron espacios donde enfermeras y cuidadoras anónimas desarrollaron prácticas empíricas de atención, sentando las bases para enfoques humanizados que luego retomarían profesionales como Edmundo Buentello y Martín Ramos Contreras. Siglo XX: de la clínica a la comunidad: mujeres en la revolución de la salud mental El siglo XX trajo consigo una transformación radical en la concepción de la salud mental, impulsada en parte por mujeres que integraron perspectivas sociales, comunitarias y de género. En Estados Unidos, Karen Horney (1885-1952) desafió el psicoanálisis freudiano al argumentar que los trastornos neuróticos no eran resultado de conflictos intrapsíquicos, sino de presiones culturales que oprimían especialmente a las mujeres. Su obra «La personalidad neurótica de nuestro tiempo» (1937) sigue siendo un referente crítico en psicología social. En Hispanoamérica, la década de 1930 marcó el inicio de movimientos de medicina social liderados por mujeres. En Argentina, Elsa Moreno (1910-1998), discípula de Ramón Carrillo, impulsó redes de atención primaria en zonas rurales, combinando salud mental con estrategias de desarrollo comunitario. Su trabajo en programas materno-infantiles, reconocido por la Organización Panamericana de la Salud, demostró cómo la inequidad de género y la pobreza eran determinantes clave en los trastornos mentales. Chile vio surgir a Lola Hoffmann (1904-1988), psiquiatra y discípula de Carl Jung, quien integró enfoques espirituales y psicológicos en el tratamiento de pacientes. Hoffmann, perseguida durante la dictadura de Pinochet, defendió una visión holística de la salud mental que vinculaba el bienestar individual con la justicia social. En paralelo, Héliettè Saint-Jean (1925-2005) desarrolló en Chile programas de rehabilitación psicosocial para niños en situación de calle, pioneros en incorporar agentes comunitarios. España: de la marginación manicomial a la innovación en cuidados comunitarios El modelo español de atención a la salud mental estuvo marcado durante el siglo XIX por el aislamiento institucional y el enfoque custodial. Sin embargo, desde finales de este periodo, mujeres como Dolores Aleu i Riera (1857-1913) sentaron precedentes clave. Aunque su tesis doctoral de 1882 «De la necesidad de encaminar por nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer» no abordaba directamente la psiquiatría, sus críticas a los roles de género rígidos cuestionaron los diagnósticos que patologizaban la autonomía femenina. Su Academia para la Ilustración de la Mujer (1884) incorporó talleres sobre higiene mental que anticiparon la psicología preventiva. En la década de 1930, la creación del Dispensario de Higiene Mental de Madrid (1932) contó con la participación de enfermeras como Elisa Soriano Fisher, quien impulsó protocolos pioneros de seguimiento ambulatorio para mujeres con neurosis, evitando hospitalizaciones innecesarias. Sus registros clínicos, analizados por Irisarri (2021), revelaron cómo condiciones como la depresión posparto se vinculaban a la falta de recursos económicos y redes de apoyo, no a "debilidades constitucionales". La transición democrática vio florecer proyectos comunitarios liderados por mujeres. El Hospital Psiquiátrico de Conxo (Galicia), analizado en la exposición Voces Esquecidas (2023), documentó cómo profesionales como la trabajadora social Carmen Varela (activa en los 80) crearon talleres textiles donde las pacientes recuperaban agencia mediante el diseño colectivo, desafiando el estigma de la "cronicidad". Estas prácticas inspiraron el Proyecto JULIA (2018), que en Castilla y León ha empoderado a 1.200 mujeres rurales mediante grupos de apoyo mutuo donde el 89% reporta mejoras en autoestima y participación social. Estas pioneras demostraron que la innovación en salud mental requiere trascender la consulta: desde la denuncia de los determinantes sociales hasta la creación de espacios donde la experiencia vivida se convierte en motor de cambio. Su legado, hoy visible en programas como los Grupos de Apoyo Mutuo de la Red Estatal de Mujeres, sigue cuestionando un sistema que aún trata como "excepcional" el liderazgo femenino en la toma de decisiones clínicas. Hispanoamérica contemporánea: innovaciones en salud mental comunitaria y perspectiva de género Desde finales del siglo XX, las contribuciones de mujeres hispanoamericanas han redefinido los paradigmas de atención. En Argentina, Emiliano Galende (n. 1940), colaboró estrechamente con profesionales como Patricia Rivera en la creación de posgrados en salud mental comunitaria, enfocados en desinstitucionalizar la psiquiatría y priorizar derechos humanos. Su labor en la Red Maristán, que articula universidades de Granada, Lisboa y Concepción, ha fortalecido enfoques transdisciplinarios que integran género, etnia y clase social. En México, Teresa Ordorika Sacristán ha liderado investigaciones sobre la salud mental de las mujeres desde una perspectiva sociológica, analizando cómo la violencia de género y la sobrecarga de cuidados impactan en trastornos como la depresión y la ansiedad. Sus estudios, basados en encuestas nacionales, revelan que el 23.7% de las trabajadoras mexicanas experimentan estrés laboral severo, cifra que duplica la de los hombres. Desafíos actuales y el legado de las pioneras Hoy, la salud mental enfrenta crisis globales agravadas por pandemias, inequidades económicas y violencia sistémica. Las mujeres, particularmente las científicas, continúan enfrentando riesgos desproporcionados: un estudio de 2025 reveló que el 40% de las investigadoras presentan síntomas de ansiedad o depresión, vinculados a la precariedad laboral y la falta de reconocimiento. Sin embargo, el legado de las pioneras ofrece herramientas para la acción. La terapia dialéctica conductual (TDC), desarrollada por Marsha Linehan (n. 1943), ha demostrado eficacia en poblaciones marginadas, incluyendo sobrevivientes de violencia de género. En España, profesionales como la citada María González Hidalgo aplican estos modelos en centros de salud mental públicos, integrando perspectiva de género en protocolos de atención. Conclusión: hacia una historia inclusiva y una práctica transformadora Reconocer a las pioneras en salud mental no es un ejercicio nostálgico, sino una llamada a repensar cómo construimos conocimiento y diseñamos políticas. Desde Shinn hasta Ordorika, estas mujeres demostraron que la ciencia no es neutral: está profundamente entrelazada con luchas por la equidad y la dignidad humana. En un mundo donde, según la OMS, el 19.9% de las trabajadoras españolas padecen trastornos mentales, su legado exige que prioricemos enfoques comunitarios, interseccionales y libres de estigmas. Este 8 de marzo, honrar su memoria implica no solo recordar sus nombres, sino continuar su lucha: por una salud mental que no patologice el malestar social, que reconozca las voces silenciadas y que transforme realidades. Como escribió Kay Redfield Jamison (n. 1946), psiquiatra y sobreviviente de trastorno bipolar: "La locura no quita valor al pensamiento; más bien, lo sitúa en un contexto de fragilidad y resistencia humanas". En ese contexto, las mujeres siguen siendo faros de resiliencia y cambio.
ostirala, 07 martxoak 2025 10:42
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ostirala, 18 azaroak 2022 11:09
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